Prueba Peugeot 508 SW 1.6 THP 155 Allure: crecimiento interior

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Prueba realizada por Gaby Esono

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He de reconocer que Peugeot me tiene un poco descolocado de un tiempo a esta parte. Habiendo crecido con la idea de que sus coches destacan por un magnífico comportamiento, y viendo cómo sus participaciones en competición (exceptuando la Fórmula 1) llenaban sus vitrinas de trofeos, los argumentos que invitaban a comprar un modelo de la marca francesa pasaban más por los deseos de su conductor que por las necesidades de su familia.

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Esto no significa que no tenga tradición como productor de coches familiares. Antes al contrario, entre las fotos de los libros de historia de la marca es habitual encontrarse con carrocerías break, pero durante décadas su oferta se limitó a un modelo, normalmente del segmento medio alto, es decir, aquellos cuya nomenclatura empieza por 4 o 5 (cierto que hubo un 305 Break en los ’70, pero poco se supo de él en nuestro país). En los años 90, con el Peugeot 306, ya empezó a verse un cierto cambio de tendencia, pero fueron el 307, con su carrocería alta y sus dos variantes familiares (con techo metálico o el SW, pionero en los techos panorámicos) y el 206 SW, los que delataron claramente las nuevas intenciones de la firma del león.

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Desde entonces, entre monovolúmenes de nuevo cuño (Peugeot 3008 y 5008) y el SUV de 7 plazas hecho en colaboración con Mitsubishi y Citroën (Peugeot 4007) ya prácticamente fuera de servicio, nos encontramos con un catálogo compuesto por nada menos que 7 posibilidades pensadas para viajar bastante acompañado, porque el 207 SW y el 308 SW han continuado la senda de sus predecesores, del mismo modo que el veteranísimo Peugeot 807 sigue dando respuesta a aquellos que buscan “un algo más”.

Que el Peugeot 508 cuente con su correspondiente variante SW no es para nada una sorpresa, ya que cumple la doble misión de reemplazar al 407 y al 607.

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Así pues, se trata de comprobar si la subida del caché que Peugeot ha intentado darle a su nuevo coche de representación le permite acercarse también a otros sus homólogos en el mercado, empezando por el coco de la categoría, el Volkswagen Passat Variant, pero sin olvidar al Citroën C5 Tourer, al Opel Insignia Sport Tourer o al SEAT Exeo ST, en el que la marca realizó hace unos meses un ligero restyling.

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El provecho que el Grupo PSA Peugeot-Citroën está sacando del motor de gasolina 1.6 THP, desarrollado en colaboración con BMW y Mini, sólo se puede comparar con lo que hace el Grupo Volkswagen con sus 1.4 TSI.

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El Peugeot 508 monta la variante de 155 CV del propulsor que ya tuvimos ocasión de probar en coches tan dispares como el Citroën C4 Picasso, el Peugeot 308 o el Mini Cooper S, aunque en este caso llevado hasta sus penúltimas consecuencias.

Como es de suponer, el carácter que muestra este bloque en el enorme coche francés tiene poco que ver con lo que se experimenta al volante del pequeño británico. Oculto bajo la carrocería familiar, el prolífico tetracilíndrico sobrealimentado se muestra animoso, pero tranquilo.

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Arrastra el cuerpo del 508 SW con muy buena voluntad, aunque se muestra acorde con el tacto general del coche, ya que no invita a exprimir su quintaesencia, sino más bien a disfrutar de la jornada sin sobresaltos.

Se trata de un motor muy sofisticado, pensado realmente para contener las cifras de consumos y emisiones, aunque en los modelos pequeños se aproveche para dotarlos de un temperamento deportivo.

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En el Peugeot 508 SW con el cambio manual de 6 velocidades, cumple con el primer objetivo, ya que de los optimistas 6,3 l/100 km declarados oficialmente en nuestra prueba subió a unos razonables, aunque previsibles, 8,3 l/100 km. De todas formas, hay que tener en cuenta que la mayor parte del recorrido se hizo a ritmo tranquilo, sí, pero sin aprovechar la gran capacidad de carga que autoriza este familiar.

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Como comentaba en la introducción, uno de los rasgos que caracterizaban a los productos de la firma del león, militaran en el segmento que militaran, era la configuración del bastidor enfocada al dinamismo. Hoy, en cambio, la comodidad es el nexo común en la mayoría de sus productos, y con el nuevo Peugeot 508, berlina o SW, ocurre lo mismo.

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El enfoque un poco más premium de este modelo, que no por nada ha sustituido de una tacada al 407 y al presidencial 607, ha tenido una clara manifestación en su comportamiento, aposentado y predecible. A pesar de su gran tamaño, han sabido controlar bastante bien el peso (1.495 kg) y, por tanto, las inercias, lo suficiente como para llevar ritmos altos en curvas estrechas, aunque sus neumáticos comienzan a protestar antes de lo deseado.

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Habrá que ver cómo se comportan las versiones GT, con el eje delantero con pivote desacoplado, pero las convencionales inducen a una conducción con cierto optimismo, aunque sin excesos.

Se trata, en esencia, de un coche que se comporta prácticamente a la perfección, teniendo en cuenta qué tipo de conductores se espera que lo van a conducir. A pesar de que la dirección es un punto demasiado suave, permite llevar el coche con gran precisión, sin necesidad de hacer correcciones en mitad de la curva.

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Pero, si las tuviéramos que hacer, las reacciones son tan predecibles que da la sensación de que se podrían controlar fácilmente antes de que el control de estabilidad entrara en funcionamiento.

De todas formas, para buscarle las cosquillas a toda esta parafernalia técnica, primero habría que exprimir a bastante a fondo al pequeño 1.6 THP de 155 CV, porque las bondades de este bastidor están claramente por encima de las posibilidades de este motor.

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El día que Peugeot anunció que su nuevo buque insignia podría calificarse como premium, sin duda se estaba haciendo referencia a las mejoras realizadas en el interior.

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Mientras que cuestiones como la mejora de la eficiencia y la reciclabilidad tienen más que ver con imperativos legales que con una demanda real de la mayor parte del público, cuando se trata de lanzar un nuevo producto al mercado, sí es importante dar la impresión de que se ha mejorado sustancialmente.

En este caso, la firma del león ha querido significar el salto cualitativo utilizando esa palabra, “premium”. Desde luego, el Peugeot 508 ha ganado unos cuantos enteros respecto a sus predecesores. Sin dejar de ser un coche estéticamente conservador, se ha conseguido una presencia más moderna que se combina, además, con un tacto general más sólido y agradable en todos los elementos que están a la vista.

También está bien aislado, tanto en cuanto a confort de rodadura como a nivel acústico, pese a que el motor reclama cierto protagonismo si se lleva un poco alto de vueltas. Pura anécdota. Los cinco posibles habitantes de este salón rodante estarán tan a sus anchas que muy poco les habrá de preocupar lo que ocurra más allá de sus cinco puertas.

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Por supuesto, cuanto más alta es la variante de equipamiento, con más motivo. En el caso del acabado Allure, al contar con asientos parcialmente en cuero de serie (el pack de cuero completo, más asientos eléctricos y calefactables, 1.450 euros), o con opciones como el climatizador de 4 zonas (450 euros), te sumergen en un ambiente que uno fácilmente podría confundir con el de marcas de prestigio.

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Respecto a lo que ocurre detrás de los bien tratados pasajeros, los 512 litros de volumen del maletero (560 si se prescinde de la rueda de repuesto de tamaño “normal” que viene de serie) están dentro de lo que puede y debe exigirse a un coche de casi 4,8 metros de longitud, 7 litros por encima del cofre del Citroën C5, que no es precisamente sospechoso de tacañería en este apartado.

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El Peugeot 508 SW con el motor 1.6 THP 155, cambio manual y acabado Allure cuesta 28.050 euros, casi 4.400 euros menos que el Volkswagen Passat Variant 1.8 TSI Highline.

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Ese precio contempla el sensor de luz y lluvia, el climatizador bizona, la ayuda al aparcamiento trasera o la mencionada tapicería semi-cuero. A todo este paquete se le pueden incorporar equipamientos como el pack urbano 2 (350 euros), que incluye el detector de obstáculos delantero (el trasero es de serie) y sistema de medición de espacio para aparcar, la alarma (300 euros), los faros bixenón con LED y luces de carretera automáticas (800 euros) o el equipo de navegación Wip-Nav Plus con Head Up Display (2.000 euros).

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