Prueba BMW X4 xDrive20d: evolución emocional

Valoración

 

 

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Prueba realizada por Gaby Esono

Los SUV en general, entre los cuales el BMW X4 xDrive20d de esta prueba es una rara avis, han reemplazado a los monovolúmenes como vehículos para la familia. Bajo su atractiva –para la mayoría- apariencia de todoterrenos, acostumbran a esconder una habitabilidad notable y una capacidad de maletero suficiente para llevar un equipaje con exceso de “porsiacasos”.

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Además, sus cualidades dinámicas también son adecuadas para moverse con soltura sobre el asfalto y, en algunos casos, sorprenden incluso por una cierta capacidad off-road, a pesar de que es bien sabido que muy pocos de ellos están realmente preparados para adentrarse por caminos que no estén en más o menos buen estado, por mucha altura libre al suelo y tracción total que tengan. Los llaman todocaminos, pero yo lo dejaría en “muchoscaminos”, a lo sumo.

Ahora bien, dado que la compra de un coche de este estilo tiene más que ver con aspectos emocionales que prácticos, y tiendo en cuenta la buena aceptación que siempre ha tenido el BMW X3, uno se pregunta, ¿para qué un BMW X4?

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Básicamente, este SUV con silueta de coupé reproduce tal cual el concepto estrenado en el BMW X6, y lo traslada al segmento D premium, de mucho más volumen, que durante décadas se habían repartido casi en exclusiva el BMW Serie 3, el Mercedes-Benz Clase C (y su antecesor el 190) y el Audi A4 (y antes los 80 y 90).

Hoy, sin embargo, las posibilidades de elección se han incrementado exponencialmente, sobre todo en el caso de BMW, que donde «apenas» contaba con cuatro carrocerías (Serie 3 berlina, touring, coupé y cabrio), ahora ofrece al cliente el Serie 3 GT (berlina de 5 puertas) y el Serie 4 Gran Coupé (de 4 puertas sin marco), además del X3 y el X4 protagonista de esta prueba. Es decir, 8 posibilidades que se ajustan a cualquier perfil de usuario siempre que, eso sí, tenga un nivel adquisitivo tirando a bastante desahogado.

Ahora bien, algo de acierto debe de haber tenido BMW creando el X4 porque si no, ¿habría hecho Mercedes-Benz su GLC Coupé?

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El BMW X4 xDrive20d juega la baza de la deportividad que se le presupone a una carrocería de estilo coupé, incluso con este voluntarioso motor 2.0 TwinPower Turbo diésel de 190 CV de potencia y 400 Nm de par. Estrenado en el X4, se trata del mismo propulsor que probé en el BMW X3 xDrive20d (puedes leer aquí la prueba), asociado igualmente a la magnífica caja de cambios automática Steptronic de 8 velocidades, suave, rápida y eficiente como siempre. Con esta mecánica es opcional (2.722,11 €), pero el fabricante alemán tiene tan clara su eficacia que la ha convertido prácticamente en un estándar en el grueso de su gama.

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Montada en el X4, esta combinación mecánica me ha parecido ser más poderosa que en el BMW X3, sin que a priori haya motivos objetivos que amparen esta sensación. El peso declarado para ambos modelos es el mismo (1.820 kg con el cambio automático, según norma UE), los desarrollos de la caja de cambios son idénticos y la ligera ventaja aerodinámica del SAV (BMW denomina Sports Activity Coupé a este tipo de SUV), que opone menor superficie frontal respecto a su hermano, sólo debería notarse, si acaso, a muy alta velocidad. De hecho, velocidad máxima declarada en el X4 es de 212 km/h, mientras que en el X3 es de 210 km/h; del mismo modo, la aceleración de 0 a 100 km/h es de 8,0 y 8,1 segundos respectivamente.

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Pensaba que estaba todo en mi cabeza, que al montarme en el coupé estaba más dispuesta a pisar el acelerador, hasta que caí en la cuenta de un pequeño detalle: las levas en el volante. En el X4, BMW las monta sí o sí con el cambio automático, mientras que en el X3 xDrive20d hay que pagar 177,53 €. Imagino que serán cosas de querer marcar distancias entre el carácter más familiar de éste frente al X4, más deportivo, y lo cierto es que funciona, porque aunque las prestaciones no sean realmente mejores, las sensaciones (que al fin y al cabo es lo que cuenta en este mundo de radares que nos ha tocado vivir) sí lo son.

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Si a ello le añadimos que se ha tratado de que el X4 ofrezca un comportamiento dinámico más vivo (la carrocería es 36 mm más baja, con lo que desciende también el centro de gravedad), el resultado es que, puestos al volante, el coupé invita más a sacarle jugo a sus 190 CV, de ahí que dé la sensación de que es más potente, sin serlo. Sea como fuere, el chasis va tan sobrado que, en asfalto seco y en buenas condiciones, la tracción total inteligente xDrive de BMW apenas tiene que trabajar.

Por lado contrario, la «invitación» a sacar partido a su caballería tuvo su justa correspondencia en el consumo medio obtenido en la prueba: 9,2 l/100 km, algo por encima de la media en la que se me quedó el X3. Como acostumbro a matizar, no se trata de una medición rigurosa ni exhaustiva, pero sí señala la tendencia de un motor que no especialmente parco en consumo. Eso sí, los 5,2 l/100 km de media homologados con el cambio Steptronic mejoran en 0,2 l/100 km a los del cambio manual, un motivo más para elegir el automático.

El puesto de conducción más bajo (20 mm) respecto al BMW X3, vuelve a dejar bastante claras las intenciones de la firma bávara con su X4. Es un coche en el que el conductor y su acompañante van a tener sensaciones de berlina, mientras que dos ocupantes traseros las tendrán de coupé. Coupé grande si quieres, pero coupé.

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La pronunciada caída de la línea del techo define tanto las formas exteriores del BMW X4 xDrive20d como condiciona acceso a las plazas posteriores y su habitabilidad, que allí no es apta para acompañantes de más de metro ochenta. Tampoco la cota de anchura es especialmente favorable, por lo que se entiende que hayan preferido dar al asiento trasero una forma muy definida para dos personas. Hay un tercer cinturón, pero quien ocupe esa plaza tendrá motivos justificados para protestar.

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El maletero, por su parte, con 500 litros de capacidad sigue dando mucho de sí (el X3 llega hasta los 550 litros), aunque está bastante condicionado por la bandeja.

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Dividida en dos partes, una flexible solidaria al portón, y otra sólida detrás de los asientos que se puede extraer (aunque es tremendamente pesada) para cargar bultos de más altura, aunque no mucha, por la caída del mismo portón. La capacidad de carga aumenta hasta los 1.400 litros abatiendo el respaldo de los asientos posteriores (por partes asimétricas, 40/20/40).

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Todo esto nos devuelve al punto de partida, que no es otro que los asientos delanteros y el puesto de conducción en general, de cuya magnífica ergonomía no me canso nunca, como me pasa siempre cuando me subo a un BMW.

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Me gusta la propuesta del BMW X4 como coche que avanza un paso en el planteamiento más pasional que se les supone a los SUV, pero que en los últimos tiempos se han revelado como auténticos coches familiares, incluso en el caso del BMW X3.

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La respuesta de su combinación entre motor y cambio (con la ayuda de las levas en el volante), su comportamiento dinámico y su línea, a medio camino entre SUV y coupé -aunque no sea realmente ni una cosa ni la otra- lo distinguen en un segmento en el que la firma alemana vuelve a dar antes que sus paisanos premium, aunque Mercedes-Benz en esta ocasión no parece dispuesta a dejar escapar ventas en un mercado con potencial.

Quien apueste por un BMW X4 xDrive20d debe tener bien claro si va a viajar acompañado y, de ser así, no serán personas muy pequeñas (montar dos sillitas condena definitivamente el asiento central) ni adolescentes con aspiraciones baloncestísticas.

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El precio, 528 € más que el BMW X3 xDrive20d equivalente, tampoco me acaba de convencer por un coche que sí, es más apasionado, pero ofrece menos posibilidades de uso que el SUV convencional del que deriva directamente. Cosas del márketing, supongo.

El BMW X4 xDrive20d cuesta en España, tal y como sale de fábrica, 49.200 €. En el caso de la unidad de prueba, equipada con el muy recomendable cambio automático de 8 velocidades, el precio de partida asciende hasta los 51.922,11 €, a los que hay que sumar el importe del nivel de acabado, Advantage (3.100 €), xLine (el de esta prueba, 5.400 €) o el más deportivo M Sport (8.450 €).

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A los elementos incluidos en las versiones xLine como los faros bixenón, los sensores de luz, lluvia y retrovisor interior antideslumbramiento, los sensores de aparcamiento, la cámara de marcha atrás o el control de crucero con función de freno (frena automáticamente para mantener en pendientes la velocidad fijada), hay que sumarle los asientos con tapicería de cuero con costura de contraste del Paquete Premium (4.100 euros), o el reglaje eléctrico de los mismos, el del conductor con memoria (1.301,88 €), incluidos en una lista a la que se pueden añadir el head-up display, varios tipos de navegadores y sistemas de información y entretenimiento, etc.

 

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