Prueba Bentley Flying Spur V8 Mulliner: galán intachable

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Prueba realizada por Gaby Esono

Bentley es una de las dos marcas que existen en el mercado cuya sola mención evoca el lujo más excelso en el mundo del automóvil. La otra es Rolls Royce, aunque hace tiempo que ambas comenzaron a jugar en ligas diferentes.

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Bentley Flying Spur V8 Mulliner

La incorporación al Grupo Volkswagen en 1998 ha aportado, con el tiempo, una modernidad necesaria a las criaturas del fabricante de Crewe, que por otra parte han sabido combinar de forma muy acertada con la exclusividad clásica que siempre las ha caracterizado.

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Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Unas plantas motrices tomadas de lo más distinguido del catálogo de Audi, por ejemplo, o unos procesos de fabricación optimizados, han permitido mejorar sus productos sin perder un ápice de la distinción que espera a todo lo que viene detrás de la «B» alada adherida sobre la parrilla delantera.

Y es que, cuando se lleva más de 95 años haciendo coches de élite, la mayor exigencia no viene tanto de los clientes como de tu propia historia.

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Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Ningún modelo de la marca británica se libra de la obligación de mostrarse como un referente para el resto de automóviles. Ni siguiera este Bentley Flying Spur V8 Mulliner, versión más o menos personalizada de la berlina más accesible que ofrece la firma británica. Es también la más práctica, porque su propulsor es más modesto que el peculiar W12, pero autoriza una autonomía mayor.

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Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Y sí, he tenido la osadía de vincular la palabra Bentley con tres adjetivos -accesible, práctico y modesto- que poco tienen que ver con las pretensiones de cualquier criatura salida de la factoría de Crewe.

Pero aquí me tienes, tratando de quitarle importancia a que Cars Gallery, concesionario de la marca en Barcelona, me diera la oportunidad de conducir uno de los coches de fabricación «en serie» más lujosos que existen hoy en día. Te diría que no es para tanto, pero sería mentira.

Uno de los tópicos con que se suele definir a un coche como el Bentley Flying Spur V8 Mulliner es que está hecho sobre todo para disfrutarlo en las plazas traseras. Eso es bastante cierto, pero también lo es para un Citroën C4 Picasso, de modo que conviene ajustar mejor la definición para entender mejor lo que significa ponerse al volante de este automóvil.

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Motor biturbo del Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Dado que, muy probablemente, la mayoría de quienes estén interesados en una berlina de este estilo pagarán a otro para que lo conduzca (a no ser que sea un futbolista…), si un día te encuentras con el propietario de un Flying Spur, para saber cómo se comporta será mejor que le preguntes a su chófer.

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Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Lo que te dirá es que parece mentira que se trate de un coche de casi 5,3 metros de largo, más de 2,2 metros ancho y sobre todo, 2.425 kg de peso. Con semejantes cotas, estaba claro que en autopista y vías rápidas su andar debía ser como ha resultado ser: aposentado, imperturbable, regio. Cualquier adjetivo de ese tipo que se te ocurre se ajusta bien. Estás como en una burbuja pero sin miedo a que llegue un niño y la haga estallar.

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Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Desde luego, la suspensión neumática tiene mucho que ver en ello. Yo no soy un amante de este tipo de amortiguación, porque en los coches donde la he probado (por ejemplo en la prueba del Volkswagen Touareg) normalmente me mareo si no está en la posición más dura -«sport», la llaman-.

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Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Ahora bien, que a mí no me siente bien la flotabilidad no significa que no pueda valorar su impresionante versatilidad. Si hay que filtrar las irregularidades para que nada altere la paz del habitáculo, se hace. Y si se tienen que sujetar sus innegables inercias, pues se hace también.

Y aquí está el punto más sorprendente del Bentley Flying Spur V8. A pesar de sus dimensiones, se comporta con una agilidad encomiable. A pesar de lo que sugieren las fotos, en algunos momentos durante el día de la prueba me llovió a cántaros, y no tuve mejor ocurrencia que lanzarme por una carretera muy estrecha y con muchas, muchas, muchas curvas. Deportivo no es, pero cuando estás metido en harina enlaza las curvas con mucho más que dignidad. Es todo un regalo ver cómo a pesar de la poca adherencia este lujosísimo sedán se mete en los vértices sin rechistar.

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Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Y para salir de ellos, nada mejor que una eficaz tracción total. No te diré que apetecía cruzarlo, porque ver esa enorme zaga contornearse no es nada elegante, pero sí te puedo asegurar que no es de esos coches en los que a la tercera curva ya te invitan a levantar el pie derecho. Más bien todo lo contrario.

Por algo monta el motor 4.0 V8 que Audi reserva para algunas de sus criaturas más prestacionales. Dotado con doble turbo twin-scroll, uno para cada bancada, e inyección directa de gasolina, envía a las cuatro ruedas motrices nada menos que 507 CV de potencia máxima a 6.000 rpm, mientras que los 660 Nm de par están disponibles desde 1.700 rpm. Vamos, un poquito más allá del ralentí en frío.

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Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Pero de frío nada, porque empuja con una contundencia propia de un tren de mercancías. Este propulsor no puede disimular que el Flying Spur no es un peso pluma precisamente, pero le da igual, porque le pongas en la situación en la que le pongas su respuesta al acelerador es imponente. Y además, si te lo propones, te regala un murmullo de lo más estimulante.

Cuenta, por otra parte, con la inestimable colaboración de la caja de cambios automática ZF de 8 velocidades. Tan suave como rápida, contribuye a hacer de los viajes con la berlina inglesa un remanso de paz. De hecho, se han esforzado tanto en hacerla pasar desapercibida que parece que hayan puesto las levas en el volante porque tienen que estar, pero ni su forma ni su posición, alejada del aro, invitan a utilizarlas.

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Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Casi mejor, porque cuando tienes entre manos un coche para el que la marca anuncia una velocidad punta de 295 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en 4,9 segundos, cuantas menos distracciones, mejor. Por otra parte, Bentley ofrece opcionalmente unos discos de carbono (420 mm de diámetro delante; 356 mm detrás) cuya potencia me resultó similar a los de acero en la prueba del Bentley Continental GT V8 S Convertible (frenar bien semejantes masas no es nada fácil), pero no así su resistencia, que parecía infinita.

Resulta difícil separar las impresiones al volante del apartado anterior, de lo que se siente en el interior del Bentley Flying Spur V8. ¿Cómo se puede valorar la ls sensación al tocar unos materiales que son lo mejor de lo mejor? ¿Cuánto tiempo tendría que pasar tratando de encontrar una pieza mal ajustada o un tornillo a la vista? Intenté encontrarle alguna pega, pero me di cuenta de que era una futilidad.

Salpicadero del Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Salpicadero del Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Se nota que todos los detalles, absolutamente todos, se han repasado con celo en durante todos los procesos antes de que cualquier unidad tocara el asfalto. Desde el diseño inicial hasta el cuidadoso acabado de todas las piezas a la vista, y muchas de las que no se ven también, la búsqueda de la excelencia cobra en el habitáculo de la berlina británica todo el sentido del mundo.

Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Los cuatro butacones útiles, y algo menos el asiento central trasero, mucho más modesto en comparación con el resto, rayan la perfección si los medimos con el rasero de la comodidad, aunque me habría gustado que al menos el del conductor ofreciera algo más de sujeción lateral.

Ya se sabe, deformación profesional. También podría decir que hay detalles, muy sutiles, que recuerdan que detrás de la trabajada perfección de este coche británico están, también, las manos de los propietarios de Bentley.

Asiento del conductor del Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Asiento del conductor del Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Mando a distancia extraíble para las plazas traseras

Mando a distancia extraíble para las plazas traseras

Algunas grafías (las de los mandos de la climatización o las de la posición de la palanca de cambios, por ejemplo) se parecen a las de algún coche alemán, e incluso el olor al entrar me recordó al de los Audi.

Pedales de aluminio para el Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Pedales de aluminio para el Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Nada de ello le resta, sin embargo, un ápice de personalidad propia al Flying Spur, que puede presumir de diseño clásico sin que parezca anticuado. Antes al contrario, está plagado de detalles «neoretro» de lo más evocadores, como los tiradores cromados de las salidas de aire del sistema de climatización, o el diseño de las esferas del velocímetro y el cuentavueltas.

Bentley combina estas delicadezas vintage con un equipamiento de última generación que, en algún caso, solo tiene sentido en una limusina como el Flying Spur. Un buen ejemplo lo tenemos en el mando extraíble de las plazas traseras. A través de su pantalla se tiene acceso a todo tipo de funciones, empezando por el control de la climatización y del sistema de audio, hasta la visión de la velocidad a la que vamos circulando.

Se trata de un gadget de lo más peculiar, pero que sin duda agradecerán quienes vayan sentados detrás. Bien a sus anchas, dicho sea de paso.

Asientos delanteros del Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Asientos delanteros del Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Asientos traseros del Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Asientos traseros del Bentley Flying Spur V8 Mulliner

El maletero del Bentley Flying Spur V8 Mulliner cuenta de serie con 442 litros de capacidad

El maletero del Bentley Flying Spur V8 Mulliner, con 442 litros

Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Bentley Flying Spur V8 Mulliner

De entrada puede que haya a quien las limuninas de altísimo standing como el Bentley Flying Spur no le hagan una gracia especial, pero creo que incluso el más reticente se acabaría acostumbrando bien pronto a desplazarse en un coche que trata de forma tan excelsa a sus ocupantes. Lo que más me ha gustado de la berlina «pequeña» de Crewe es su capacidad para hacer pasar bastante desapercibidos sus kilos, y la forma como se comporta sin perder jamás la compostura.

Mientras el Continental GT V8 S se vestía con un cierto halo de desportividad, su hermano de cuatro puertas no tiene ni de lejos esa pretensión. Eso es precisamente lo que lo hace más grande.

Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Bentley Flying Spur V8 Mulliner

El principal defecto de un coche creado con la perfección como objetivo es que para conseguirla no puedes permitirte renunciar a nada. A pesar de las tecnologías aplicadas para reducir los consumos, la eficiencia no es precisamente el mejor aliado de este coche.

Quizá se pueda admitir en términos relativos (durante la prueba arrojó un consumo de 17,1 l/100 km, cuando la media homologada es mucho más ambiciosa: 10,9 l/100 km), pero en términos absolutos siguen siendo valores muy elevados para una época, esta que vivimos, en la que cada vez se presta más atención al respeto al medio ambiente.

Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Bentley Flying Spur V8 Mulliner

Por poco menos de 220.000 euros se puede disponer de la berlina más accesible de Bentley. La versión de la prueba, además, contaba con el paquete de equipamiento Mulliner, más exclusivo todavía, que de entrada se distingue por montar llantas de 20 pulgadas y 5 radios (21 pulgadas en este caso), tapizado de los asientos y paneles de puertas con motivos en forma de diamante o por el pomo de la palanca de cambios específico.

A partir de ahí, las posibilidades de personalización alcanzan hasta donde llegue tu imaginación.

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