Contacto PGO Cevennes: automovilismo puro

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Prueba realizada por Gabriel Esono

Conducir un coche sin capota es siempre un placer para los sentidos. Notar como el aire juega alrededor de tu cabeza mientras trazas una curva tras otra, oír de cerca el sonido del motor e incluso el de los neumáticos cuando ruedan, es algo que no se paga con dinero.

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Súmale a ese cúmulo de sensaciones una estética evocadora de uno de los roadsters más famosos de la historia, un interior plagado de detalles retro, una configuración mecánica ideal con unos componentes modernos y fiables, y ya tienes un sueño hecho realidad: el PGO Cevennes.

Durante la presentación de PGO en España tuvimos ocasión de poner a prueba las cualidades del Cevennes, un roadster derivado del Speedster II (de éste también llegarán unidades a nuestro país), equipado con un motor Peugeot 2.0 de 140 CV que pone a prueba las aptitudes de su chasis multitubular de acero, acertadamente vestido con una carrocería de fibra que, si en foto resulta atractiva, en vivo cautiva a todo aquel que pasa por su lado.

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Las calles de Blanes, marítima localidad gerundense de entrada a la Costa Brava, fueron las privilegiadas protagonistas del carrusel de exclusivos descapotables que tuvimos ocasión de probar, aunque fue en las carreteras de los alrededores donde realmente pudimos comprobar las virtudes de este coche.

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Una de las dudas que suele generar cualquier nuevo constructor es el origen de su propulsor. Economía manda, junto con la necesidad de hacer un correcto mantenimiento de su mecánica.

En PGO no tienen problema en afirmar que el 2.0 litros de cuatro cilindros que se ubica en posición central es de origen PSA Peugeot. De hecho, se trata del mismo motor que ha dado muchas satisfacciones a los conductores del 206 GTi, y que ha sido capaz de cargar con las carrocerías de modelos como el 406 o incluso un monovolumen grande como el 806.

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Era de suponer, pues, que en un coche que ronda los 1.000 kg de peso, las primeras impresiones fueran las de un coche muy divertido, aunque no explosivo. A pesar de que el itinerario de prueba fue corto, las sensaciones de aceleración y recuperación se mostraron bastante aceptables. Su construcción con culata multiválvula de la anterior generación provoca, sin embargo, que su actitud en baja sea menos brillante que medio y alto régimen.

El cambio manual, también Peugeot, tiene unos recorridos mucho más cortos que los turismos de la marca del león, y su tacto es también más firme y directo, como en los viejos tiempos. Si su posición estuviera unos centímetros más adelantada, sería perfecto.

La opción de transmisión automática, disponible por 2.500 €, es también atractiva, aunque por por otros motivos. A pesar de que cuenta con una gestión electrónica que se adapta a nuestro estilo de conducción y a las circuntancias de la carretera, el talante de sus 4 relaciones la orienta claramente hacia el confort. Con ella, las rutas por la costa se plantean como un agradable paseo en el que disfrutar de las vistas y del cielo abierto.

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Aquí está la verdadera magia de este coche. El motor ubicado justo a nuestras espaldas garantiza un reparto de masas ideal, y la ligereza de su chasis y bastidor hacen innecesario un motor potente para presumir de unas buenas prestaciones.

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La configuración de las suspensiones tampoco tiene mucho secreto: un sistema McPherson tanto en el eje delantero como en el trasero garantiza una construcción sencilla y una eficacia suficiente. Eso sí, la dureza del conjunto muelle y amortiguador hace que este coche agradezca especialmente el asfalto en perfecto estado.

Esa misma dureza es la que convierte la conducción del PGO Cevennes en una de las experiencias más puras al volante de las que se pueden experimentar en la actualidad. Carente de cualquier tipo de ayuda electrónica a la conducción como ABS o ESP, y también de dirección asistida, tratar de ir al límite con este coche obliga al que está a sus mandos a ser muy consciente de que el automóvil hará lo que el conductor le diga, esté bien o esté mal. Una vez más, tal y como hacían los coches antiguamente.

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La construcción del PGO Cervennes es completamente artesanal y de ello se beneficia el remate de los interiores. Asientos tapizados en piel a juego con el salpicadero y los paneles de puertas, relojes con todo tipo de información en la consola

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central invitan a soñar que estamos en mitad del siglo pasado. Sus diseñadores se han permitido, además, un toque de moda con el botón de arranque en el centro.

Tal vez desentonen un poco los mandos de origen PSA entre tanto glamour, pero pronto se olvida cuando pones el marcha el motor y lo sientes ronronear justo detrás de ti. Cómo cambia la cosa cuando se le instala opcionalmente un silensioso que emite un sonido tan sugerente.

El espacio para el conductor y para el acompañante es el justo y necesario. Ni es excesivamente amplio, ni genera claustrofobia cuando estás dentro. Bueno, siempre y cuando no tengamos la capota puesta.

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Éste es quizá el elemento que más desentona dentro de un conjunto muy conseguido. Aunque es cierto que este coche está pensado para circular a cielo abierto, el ajuste de la capota es bastante mejorable. La marca ya está trabajando en una nueva, pensada para mejorar la comodidad de los ocupantes de mayor altura.

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Ésta se combinará con un parabrisas algo mayor y unos retrovisores nuevos, anclados en la puerta en vez de en el marco del parabrisas como los de ahora. Con ello se mejorará la visibilidad que proporcionan los actuales.

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El PGO Cevennes es un modelo único en nuestro mercado. Claro que hay un Porsche Boxster o un Lotus Elise, pero el primero ofrece la fría solidez germana a un precio muy elevado, mientras que el británico, además de estar claramente enfocado a una utilización racing, carece del encanto retro del que sí puede presumir el PGO.

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Lo que ofrece el roadster de origen francés es placer en el más insondable sentido de la palabra, de ahí que resulte imposible valorar si su precio de 39.900 € es elevado o no. Probablemente no lo sea porque, como decía al principio, las sensaciones que ofrece no se pueden pagar con dinero.

Lo que sí se puede pagar es la personalización de este coche. Colores de los tapizados y de la capota, volantes, llantas, tubos de escape, equipos de sonido y navegación… Prácticamente cualquier cosa que se le ocurra al cliente se puede adaptar a este coche.

Y si, además de ser un apasionado del automóvil, no puedes evitar tener un lado pragmático, has de saber que para mantener este coche no tienes que transportarlo en grúa hasta Maranello. Basta con acudir con él a uno de los concesionarios propiedad de Peugeot. ¿Qué más se puede pedir?

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