Prueba BMW 335d: sentir el poder

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Prueba realizada por Roger Escriche

El BMW 335d es de esos vehículos desconcertantemente discretos si tenemos en cuenta lo que esconde debajo del capó, especialmente la versión berlina. Queda claro que nos encontramos de lleno ante una propuesta que sólo tiene sentido para un fabricante premium, que se puede permitir el lujo de ofrecer un coche de aspecto totalmente convencional con 286 CV y una fuerza que quita el aliento, como veremos en su momento.

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La Serie 3 de BMW cuenta con cinco motores de gasolina y cinco diésel, una gama muy amplia que arranca en los 143 CV de los 318d y 318i y llega hasta los 306 CV del 335i. Por encima de éste, ya sólo queda un modelo que empieza por M y acaba por 3. El BMW 335d es el tope de gama en cuanto a propulsores diésel. Está situado en una zona peligrosa, porque por potencia es ya complicado continuar ofreciendo algo que se llame Serie 3, que es la misma serie que la del 318d, y en cambio por precio tiene que estar necesariamente en otra galaxia.

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Pero también podemos dar la vuelta a la tortilla. Si nos pasamos al 535d, que también es el diésel más potente de la Serie 5, tendremos que pagar 9.000 € más por él. En la lejana Serie 7 sí encontramos una versión más potente del mismo propulsor diésel de seis cilindros en línea -con 306 CV- aunque el 740d nos exige sacar de la cuenta corriente la friolera de 87.000 €. Exceptuando esta versión, por tanto, el 335d se mantiene como el diésel más potente de BMW, y además está en un Serie 3, más ligero y pequeño que todos los de arriba…

Cosas parecidas en el mercado hay pocas. Mercedes-Benz ofrece el C350 CGI BlueEfficiency por un precio similar, con un V6 de 3,5 litros, 292 CV y 365 Nm. El Audi A4 3.0 TDI es algo más discreto, con 240 CV asociados a un cambio S tronic y a la tracción permanente quattro, pero también cuesta 3.000 € menos, aunque se ofrece con tracción delantera y cambio tiptronic en la versión clean diesel por un precio parecido al de BMW 335d.

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Muy pocos fabricantes se atreven a explotar todo el potencial un motor diesel de 3,0 litros, y el ejemplar que monta el BMW 335d es de entre todos ellos una auténtica bestia parda. Basta decir que es capaz de completar el kilómetro desde parado en 25,2 segundos y acelerar de 0 a 100 km/h en 6,0 segundos, lo que no está nada mal para un coche que pesa 1.580 kg. Evidentemente, también, es el único entre su especie con los seis cilindros en línea marca de la casa.

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El bloque de aluminio cuenta con las últimas innovaciones de BMW como la inyección directa common-rail de tercera generación y el Variable Twin-Turbo, además de otras medidas de la estrategia EfficientDynamics como la recuperación de energía de frenado o el indicador de cambio óptimo de marcha.

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Entrega 286 CV a 4.400 rpm y un par máximo de nada menos que 580 Nm entre 1.750 y 2.250 rpm, un margen a priori corto pero que cunde como pocos porque, en realidad, el propulsor está completamente lleno de potencia desde principio hasta al final del cuentarrevoluciones, sin desfallecer en ningún instante ni tampoco excitarse más de la cuenta. Y entonces es cuando un conductor acostumbrado a un motor potente de gasolina exclama, estupefacto, «¿cómo puede acelerar tanto casi sin subir de vueltas…?»

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El motor está acoplado de serie y como única opción posible a un cambio automático de seis velocidades con levas en el volante, mientras que la caja deportiva de siete velocidades y doble embrague DKG se reserva como opción para el 335i. La transmisión automática del 335d va montada directamente junto al motor y contiene los últimos avances de BMW en cuanto a la tecnología de conversión de par, lo que en la práctica se traduce en la eliminación realmente efectiva del resbalamiento y las pérdidas de potencia asociadas.

El propulsor promedia un consumo combinado de sólo 6,7 l/100 km, y es bastante evidente que si los consumos pueden controlarse es porque en circulación normal es tanta la fuerza disponible que podemos movernos incluso rápido sin que la ajuga asome por encima de las 2.000 rpm.

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Con el BMW 335d siempre se tiene la sensación de disponer de aquel extra de potencia a las ruedas traseras que puede ser utilizado como crea conveniente el conductor. Exactamente en este punto es donde se encuentra la frontera entre una berlina prestacional cómoda y con un consumo razonable y una auténtica máquina de devorar kilómetros, sean en línea recta, en curva -rápida o lenta-, en subida o en bajada.

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En cada una de estas situaciones el coche demostrará un aplomo y unos reflejos intachables, y la enorme elasticidad del propulsor nos permitirá disponer de potencia a mansalva casi siempre, en sólida asociación con el cambio automático que nos viene impuesto de fábrica.

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El sistema de selección directa de la marcha apropiada ideado para, por ejemplo, no perder tracción al reducir obviando marchas intermedias, puede desconcertar al principio, cuando todavía no se conoce a fondo el coche. Después de lidiar durante unas decenas de curvas con la enorme fuerza que envía el propulsor a las ruedas traseras se comprende que este sería un coche bastante diferente, y tremendamente más agresivo, con un cambio manual.

Aunque esto es un BMW y, como siempre, la firma bávara deja permanentemente abierta para el conductor la puerta de la deportividad. Si el cambio automático minimiza los posibles problemas en la entrada de las curvas, más allá del vértice la cuestión consiste en tener el tacto suficiente para dosificar la entrega de potencia. Cuando damos con el punto justo, la sensación de placer que produce sentir como el eje trasero se coloca en un viraje es enorme.

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Cada parpadeo del testigo del control de estabilidad nos recordará la constante presencia del ejército tecnológico encargado de corregir los posibles errores de apreciación cuando se conduce un coche con 286 CV y 580 Nm de par máximo con demasiada alegría: ABS, control de tracción (ASC+T), distribución electrónica selectiva de la fuerza de frenado

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(EBV y CBC), sistema de estabilización (DSC), diferencial autoblocante electrónico (ADB) y detección de frenado de emergencia (DBC).

El BMW 335d monta de serie neumáticos de 225/45 en llanta 17 delante y detrás, aunque la unidad de la prueba estaba equipada con una de las varias llantas que se ofrecen opcionalmente con neumáticos de 255/40 R17 en el eje trasero. La frenada que se obtiene de los discos de 348 mm delante y 336 mm detrás es buena, pero es que se puede llegar a las curvas a velocidades tan elevadas que un uso intensivo provocará la aparición de signos de fatiga.

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Con todo lo que había que decir hasta ahora, que era tan interesante, el interior del vehículo había pasado completamente desapercibido. De hecho, incluso conduciendo pasa bastante desapercibido, por lo menos para el conductor, porque encontrar un postura correcta y cómoda al volante no le llevará más de 20 segundos antes de arrancar.

El resto de pasajeros encontrarán un interior tan sobrio y parco en detalles como cualquier otro BMW Serie 3. La información justa y precisa sin que nada sobrecargue. El acceso a las cinco plazas del vehículo es bueno, aunque en la banqueta trasera la necesidad de contar con tres plazas reales dejará el pasajero de en medio algo expuesto a los vaivenes de la carretera. Los dos asientos delanteros, por el contrario, son cómodos a la vez que sujetan perfectamente el cuerpo.

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El maletero del BMW 335d dispone de la misma capacidad que el del BMW 335i y el del BMW M3, 450 litros. O lo que es lo mismo, 10 litros menos que el resto de modelos de la Serie 3.

También merece una mención el buen aislamiento del propulsor, que a pesar de ser un diésel de este tamaño no transmite vibraciones al habitáculo e incluso a plena carga no podría calificarse de ruidoso, bien al contrario. Un apartado más para apuntar a la lista de comodidades del BMW 335d.

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¿Qué podemos comprar por 50.600 €? Un BMW 335d. ¿Y qué es exactamente un BMW 335d? Pues una berlina de tres volúmenes discreta y cómoda, pero también potente y deportiva, perfecta para devorar miles de kilómetros en cualquiera de sus formas posibles. Dejarla encerrada en un garaje sería una verdadera lástima.

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Como rutero, el 335d nos ofrece un propulsor de 286 CV y una enorme fuerza que, si se trata con moderación, no disparará excesivamente los consumos. Como máquina de devorar curvas, también nos ofrece un motor de 286 CV y un par que no se acaba nunca, una capacidad de tracción excelente, una dirección rápida y directa, unas suspensiones efectivas…

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Obviamente, los 50.600 € iniciales son una aproximación poco realista al precio final que puede tener un BMW 335d que acaba de salir del concesionario. Las oportunidades para incrementar el precio final del coche son infinitas, y no precisamente baratas.

Las levas en el volante cuestan 262 €. El paquete deportivo M 3.040 € y el techo solar eléctrico, 1.304 €. Los espejos con ajuste automático anti deslumbramiento 595 €, la calefacción en los asientos delanteros 439 €, o el control de distancia de aparcamiento delantero y trasero 889 €. También están disponibles los faros bi-xenon por 829 €, las luces autoadaptables 487 € y varias opciones de navegadores entre los 2.371 € y los 3.404 €. El bluetooth cuesta 914 €.

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Si aceptamos que los coches son muchas veces un producto aspiracional, entonces también tendremos que aceptar que la carretera puede convertirse, a veces, en una pasarela donde cada uno exhibe a su antojo la potencia, el lujo, el tamaño o lo que sea que crea tan especial que ha comprado.

El BMW 335d es, en este sentido, desconcertante. Es como llevar ropa interior de 250 € la pieza: en realidad nadie se da cuenta, pero uno sabe perfectamente que la lleva, claro que lo sabe. Es el auténtico egoísmo en el disfrute. Sólo para mí y mis allegados más próximos.

Pues lo mismo. Si abrimos una puerta del 335d y simplemente nos sentamos en su interior, sin arrancar el motor y, bajo ningún concepto, sin engranar primera y pisar el acelerador, creeremos que estamos dentro de un Serie 3 cualquiera, uno del montón entre las decenas que podemos ver cada día en la carretera. Pero si al final, a pesar de todo, decidimos que queremos conducirlo, entonces estamos perdidos…

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